Bajacaliforniano, migrante, tú llegaste de otro lado

Por: Astrid Gutiérrez / @AstridPurpura

Astrid Claudette Gutiérrez López. Maestra en Opinión Pública y Marketing Político por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Licenciada en Cs. de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Baja California. Actualmente, cursa el Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus temas de interés son los movimientos sociales, la acción colectiva y el uso de redes sociodigitales.


Siempre que entablaba una conversación con alguien por primera vez, durante el tiempo que viví en Tijuana, la pregunta recurrente era: ¿y…de dónde eres? asumíamos que habíamos llegado de otro lado.

Me gustaba confirmar con cada respuesta que así era. Era como sentirse en casa en un lugar en donde nadie estaba en casa.

En Ensenada, donde nací, también nos hemos entretenido mil veces hablando sobre el lugar de origen de nuestras familias. Hasta tenemos eventos culturales y gastronómicos en donde celebramos la confluencia de personas que han venido de otros estados y países para quedarse.

Hay una visión común de que la gente que llega a esas tierras tiene la oportunidad de empezar una nueva vida y de que le puede ir bien. Que es una tierra de oportunidades.

Casos de éxito palpables tenemos montañas: gente emprendedora que hizo famoso su carrito de tostadas de ceviche o su taquería. Cerveceros que encabezan las listas de calidad en el país. Pizzeros y vitivinicultores que llegaron hace décadas y hoy pueden decir que Ensenada, o Tijuana, han sido la tierra que les dio la oportunidad de una mejor vida.

Pero hay otras realidades. En el extremo opuesto, tanto en Ensenada como en Tijuana hay colonias inmensas de migrantes que viven en condiciones precarias. Ellos se dedican a vender artesanías mexicanas, hamacas, figuras de madera, son los que están en las calles turísticas aportando los colores y las tradiciones mexicanas.

Otros trabajan en la pisca, exponiéndose a pesticidas en jornadas brutales de trabajo. Ni se diga las condiciones en las que viven. En muchos casos, casas de cartón en colonias donde no hay agua, ni luz, ni nada.

Eso para los afortunados que “tienen” un pedazo de tierra y no tienen que estar hacinados en cuarterías, que las mismas empresas subarriendan a los jornaleros.

¿Por qué unos lo han logrado y otros no? ¿Qué tienen en común los que sí lo logran? ¿Qué tienen en común los que no?

Dicen algunos que son las puertas que somos capaces de abrir para lograr nuestras metas. Pero, seamos realistas y sobre todo conscientes. Cuando tocas una puerta y no te abren, pero sigues pensando que todo está en ti, por lo que sigues intentando. Y pides ayuda a gritos, pero siguen sin abrirte. Y aún con ello decides organizarte con más personas para tocar juntos una gran puerta, aunque eso signifique una travesía peligrosa, aunque duelan los pies y las manos y el sol te queme, o el frío te quiera inmovilizar; aunque te vean con desprecio porque ya te dijeron mil veces que no te van a abrir, y un montón de gente te amenaza, te golpea, te amedrenta, sin entender que solo pides que te abran una puerta, solo una oportunidad para tener una mejor vida.

Cuando pasa todo eso, ¿en serio crees que todos tenemos las mismas oportunidades?

Bajacaliforniano, migrante, tu llegaste de otro lado. Si no vas a ayudar a quienes como tú llegaron, no los discrimines.

Si no vas a ayudar a quienes sólo pasan por aquí para enfrentarse con un muro aún más inmenso de indiferencia, lo mínimo que se puede esperar de nosotros es empatía.

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Fotografía de portada: Caravana Migrante / Aline Corpus / Cortesía

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