MEMORIAS DE NADIE: el olvido de la libertad

Pérez: La libertad como la realización autónoma de una posibilidad a costa del asesinato constante de las otras posibilidades

Ramírez: O quizás como ponerle o no salsa a tus tacos

Por Don Nadie

Foto de portada: Regeneración

El nihilismo, el cinismo y el masoquismo están de moda en la frontera. Diría que también la cobardía, pero más bien es la ignorancia. Vivimos en la sociedad de la información, en la era digital donde casi cualquier dato está al alcance de un segundo, y a la par abundan las generaciones que no conocen su historia, que viven en una burbuja de olvido ; desconocen las luchas que los llevaron a ser lo que son.

No hablo de millennials, sino de un largo historial de generaciones agrupadas en las últimas cinco décadas. Millones de mexicanos que no valoran lo que representa poder criticar a su gobierno y burlarse del presidente; no reconocen el peso de poder votar y elegir de verdad a un representante que no sea impuesto; no entienden lo significativo de poder reunirse y marchar para exigir un derecho o denunciar una injusticia; no comprenden que las libertades que hoy gozan se las deben a los jóvenes de otra época: los del 68. Pero bueno, qué esperar de un país donde la historia la han escrito los tiranos.

Estudiantes mexicanos manifestándose en Ciudad Universitaria. Créditos: Fondo del M68 del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, UNAM

Hoy se cumplen 50 años de un evento cuyo recuerdo suele rompernos el corazón a quienes vivimos el 2 de octubre a través de otras miradas. Testimonios, novelas, libros, biografías, notas periodísticas, documentales, videos y fotografías de la masacre nos han formado moral y políticamente, nos han enseñado que la tiranía política sabe revestir de prejuicios, mentiras, cinismo y desinformación a las causas populares para justificar el uso del ejército en su aniquilamiento; esta semana asesinaron en su casa a un defensor del territorio por oponerse al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ¿fueron los paramilitares?  ¿El crimen organizado? ¿Los grandes empresarios que contratan sicarios para matar a quienes interfieren con sus intereses? ¿Cuál es la diferencia?

Duele, duele mucho. Porque quien logra abrir la conciencia y extenderla hacia la del otro al grado de reconocer sus experiencias, sensaciones, percepciones y pensamientos como suyos, suele sufrir lo mismo que el otro. La empatía es un arma de doble filo: a la par que nos hace más humanos por vivir más vidas, nos hace sufrir más por vivir más muertes.

Ese es el caso de los estudiantes asesinados hace 50 años. De esa capacidad de sentir empatía emana el coraje que palpita en quienes conocemos la injusta y cobarde historia de la masacre. Y nos desconcertamos por ver tanta pasividad e ignorancia en la sociedad ante semejante matanza. Hoy la mayoría opta por encerrarse en su propio dolor y concentrarse en lamer sus heridas como si fuesen las únicas que existiesen; le tienen miedo al dolor colectivo porque les han enseñado que el placer individual es lo más importante.

Varias manifestaciones precedieron a la del 2 de octubre. Ésta sucedió en el Zócalo, la plaza principal de la Ciudad de México. Créditos: Fondo del M68 del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, UNAM.

Volvemos al inicio: el nihilismo está de moda, la sobrecarga de información individualizada es la norma a la par que nos sobrepasa un sin-sentido mal entendido, des-interpretado y difundido por las grandes corporaciones de la verdad en la era digital; cualquier producto informativo trae consiga una fuerte carga ideológica para disipar la esperanza.

El gobierno mexicano ofreció un diálogo con los estudiantes en huelga. Ellos aceptaron siempre que fuera público. Nunca se concretó. Créditos: Fondo del M68 del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, UNAM.

¿El reto actual? Voltear al pasado, volver a leer la historia (sí, a leer, no a ver videos de cinco minutos) o a sus contemporáneos para comprender que la salida ya la tenemos, que las demandas siguen siendo las mismas: derechos laborales, autonomía, justicia, democracia, exigencias fundadas en el peso de valores adaptados a nuestro contexto, enfundados en la solidaridad, el humanismo, la auto-gestión y la libertad, ¡la libertad! ¡No es tan difícil de ver, despierten!

¿Cuántos jóvenes no están inconformes con su trabajo? ¿Con su salario? ¿Con su calidad de vida? ¿Con el poco tiempo libre que les queda para hacer lo que les gusta? ¿Con la violencia? ¿Con que la muerte se haya vuelto cotidiana? Todos los que pensamos en un mundo mejor tenemos más en común con los jóvenes asesinados en Tlatelolco hace 50 años de lo que podríamos imaginar. Hay que buscar para encontrar.

Pero que no se piense erróneamente que el olvido viene de uno mismo, hay que ser capaces de señalar a los responsables detrás de este borrón de la memoria. Citemos a algunos representantes de esta limpia: la partidocracia mexicana, la cultura de masas, el ejército, los medios de comunicación al servicio del Estado, los periodistas chayoteros, las instituciones de cultura, los sindicatos charros, el crimen organizado, la burocracia, el capitalismo, las instituciones políticas al servicio del capital, las redes sociales, las familias conservadoras, la ideología de derecha, la CIA, el neoliberalismo, las industrias culturales, el Banco Mundial, los paramilitares, los amigos alienados, la historia en los libros de texto, la censura, la educación mediocre, la pobreza, la miseria, pero sobre todo, la intervención de Estados Unidos en cualquier movimiento cultural, político y social que represente una amenaza para su riqueza acumulada por medio de la guerra, la desestabilización de países, el despojo de recursos y la masacre de los pueblos.  

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