MEMORIAS DE NADIE: los universitarios de Ensenada, alienados

Pérez: “Yo creo que las mayorías prefieren seguir sometidas de forma voluntaria; la sabiduría popular ya les ha advertido que vivir en libertad representa una angustia permanente”.

Ramírez: “Pues claro, ¿quién va a querer responsabilizarse por cada decisión que toma?”

Por: Don Nadie

A pesar de las distancias (geográficas, socioeconómicas y hasta culturales) que separan a las instituciones de educación pública superior en la ciudad de Ensenada, sorprende que los estudiantes compartan la misma afición a no pensar por sí mismos, y en su defecto, a no llevar ese pensamiento a una confrontación contra la mediocridad y corrupción que los rodea. El silencio en el escenario público les resulta cómodo a los universitarios, hasta pareciera que tuvieran miedo a participar en la sociedad, de hacer ruido, de afirmar que existen, de decir lo que piensan. ¿Las quejas? Esas se guardan para las pedas y los susurros de pasillo. 

En el ITE, por ejemplo, la mayoría de los alumnos saben de los desvíos que se suscitan en la institución gracias a la burocracia multinivel. Para que lleguen los fondos desde la federación, primero cada nivel de gobierno debe robar su porcentaje, ¡incluso la Sociedad de Alumnos recibe su moche a cambio de mantener a los estudiantes adormecidos! No por nada la institución está conforme con tener nula difusión de lo que ocurre adentro de sus instalaciones: que nadie pregunte, que nadie diga, que nadie exija. Mientras sigan egresando técnicos alienados que se conformen con tomar su lugar en las industrias maquiladoras, no hay necesidad de mover conciencias juveniles. 

Foto: Tijuana Noticias

En UABC ocurren casos similares de impotencia y parálisis estudiantil, como la deuda millonaria de Francisco Vega, que al día de hoy se desconoce cuándo terminará de pagar (más allá de las declaraciones demagógicas del empresario); pero da igual, el gober ya sabe que los cimarrones carecen de iniciativa y voluntad para demandarle lo que se ha robado.

Mientras tanto, las nuevas generaciones de biólogos confrontan las consecuencias de su propia pasividad, pagando de su bolsillo salidas de campo que antes fuera sustentadas por la institución; sigan alienados, muchachos. Al igual que en el ITE, pareciera que las Sociedades de Alumnos en la mayoría de las carreras fueran de adorno, cuando debieran ser la punta de lanza de la organización y participación estudiantil. 

En estos centros educativos los alumnos padecen el cáncer de vivir en una experiencia universitaria donde la identidad estudiantil no se construye efectivamente: no hay identificación ni apego suficiente a sus escuelas que los lleve a defender lo que no sienten que les pertenece.

Pink Floyds “Another Brick in the Wall” (1982)

Además de esto, la pobre conciencia sociopolítica y las crisis identitarias y existenciales que pululan en la era digital hace que cualquier asunto que no le interese a las generaciones más jóvenes resbale por su piel, y esto sólo se amplifica por la extendida cultura hedonista , nihilista y ególatra que permea en los grupos millennials de la ciudad. Nada me importa más allá de yo y yo. 

La situación es crítica, pues son los jóvenes universitarios quienes tendrían que estar a la vanguardia de la organización popular, como ya han demostrado los estudiantes de la UNAM tras los recientes ataques porriles en CU. Quizás quienes somos añejos lo vemos con mayor claridad porque sabemos lo que significa el mundo laboral (precariedad y desempleo a la orden), el desperdiciar dinero (es decir, vida) en impuestos robados y el peso de las responsabilidades, algo muy alejado de muchos jóvenes, quienes ante esta ignorancia desperdician su tiempo y su energía sin darse cuenta de que estos se agotarán más pronto de lo que piensan.

“Para poder aguantar vamos a trabajar y después a comprar […] Para vender y comprar, para usar y tirar y hacer la rueda girar y girar”, cantan Los Espíritus. Mientras no cambie la conciencia estudiantil, el destino del universitario ensenadense es insertarse en el mismo ritmo existencial donde el trabajo alienante, la vida precaria, los sueños muertos y los nulos derechos laborales son una constante.

¿Por qué no impulsar un diálogo inter-facultades? Generar vínculos entre estudiantes de biología, ciencias ambientales, ciencias marinas, sociología, arquitectura, ciencias de la comunicación, administración, ingeniería y psicología (por mencionar algunas) seguramente formaría una generación de universitarios capacez de comprender la realidad con perspectiva interdisciplinaria. A partir de esto se podrían plantear soluciones complejas y profundas a problemas estructurales; dejar de pensar que basta con prohibir las bolsas de plástico y limpiar las playas para acabar con la contaminación, siendo que las causas de esta problemática son de carácter sistemático.

¡Pongan atención profesores, faltan más clases de civismo, filosofía, arte, sociología e historia en todas las aulas, el pensamiento crítico escasea en los estudiantes tanto como el agua en la ciudad!

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