El error de Ronda [Opinión: Fernando Ribeiro]

[Opinión]

“El error de Ronda”

fernando-ribeiro-cham-300x450Por: Fernando Ribeiro Cham
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Ribeiro es licenciado en actividad física y deportes, miembro del Colegio Europeo de Ciencias Aplicadas al Deporte; ha sido Jefe de Deporte Asociado en Baja California; y asesor de la Comisión de Juventud y Deporte en el Congreso del Estado, durante la XX legislatura. Actualmente trabaja como coordinador de Educación Física, en el Sistema Educativo Estatal en Ensenada.

 

 

 

 

 

 

Las artes marciales mixtas han evolucionado desde aquellos inicios en los que existían estilos puros de combate y las reglas, entre ellas la de no división de pesos, fueron las bases de lo que hoy conocemos.

Digo estilos puros, porque antes combatían el tae kwon doín contra el karateka, o el boxeador contra el practicante del kick boxing y generalmente, la debilidad de una técnica, era explotada por la fortaleza de otra.

Así fue como por ejemplo Royce Gracie dominó a quienes desconocían el combate en el piso. Gracie llevaba la pelea al piso y ganó sus primeros 11 combates de la misma manera, por sumisión. El brasileño venció a peleadores incluso mucho más pesados que él, pero jamás evolucionó su estilo de pelea y se hizo dependiente totalmente del jiu jitsu, lo que al cabo del tiempo lo condujo a sus primeras derrotas, cuando aparecieron los peleadores que dejaron sin efecto su combate en el piso y Gracie estaba ya sin variantes.

Los deportes de combate no son solo una demostración de fuerza, sino un juego de estrategia, un análisis de las fortalezas y debilidades del rival y de la forma de contrarrestarlas. Ronda Rousey fue por bastante tiempo, la peleadora más dominante en las artes marciales mixtas y lo hizo utilizando su mejor arma, el judo, disciplina en la que compitió en los Juegos Olímpicos de Beijing en el 2008, ganando la medalla de bronce.

Las peleas de Ronda, la más taquillera de las peleadoras de artes marciales, terminaban siempre de la misma manera, clinch, derribe, montaba a la adversaria, unos cuantos golpes y la llave de brazo con la que conquistó sus primeras ocho victorias dentro de las artes marciales mixtas. Después empezó a confiar en su boxeo y sus peleas se desarrollaban de pie. Intercambió golpes con Alexis Davis y noqueó a quien lucía como una poderosa striker, Bethe Correia.

Pero volvemos al aspecto de la especialización de algunos peleadores, que han ascendido gracias al dominio de un estilo puro de combate y Rousey no recordó eso.

Mucho se ha hablado de un posible combate entre Floyd Mayweather Jr y el irlandés Conor Mcgregor. Es fácil, arriba, con reglas de boxeo, Mayweather podría pelear con una sola mano y ganar el combate. Con reglas de artes marciales mixtas, con codos, rodillas y sumisiones en el piso, el boxeador no tendría ni la mínima posibilidad.

La estrategia es precisamente eso, evitar la fortaleza del otro. Ronda quiso estar al tú por tú en el boxeo con una campeona mundial del Consejo y la Federación Mundial de Boxeo. Pensó que su jab, el upper y el gancho, eran de la misma calidad que los golpes de una nombrada como boxeadora del año en dos ocasiones por la revista ring y la patada con la que culminó Holly Holm la pelea, llevaba toda la experiencia de una campeona internacional de kick boxing.
Rousey perdió el primer combate de su carrera, por la arrogancia de creer que un peleador puede desprenderse de sus orígenes, de las técnicas que domina en su totalidad y desafiar al adversario en un terreno en el que las probabilidades de triunfar se acortan.

Ronda no aprendió la lección.

Después de un año de inactividad y con el antecedente de una rival cuya mayor fortaleza es el boxeo, la arrogancia y la mala conducción de su esquina volvió a presentarse. Jamás intentó derribar a Nunes. Sí buscó el clinch, el amarre, pero solo cuando se sentía ya perdida, cuando las piernas no tenían ya estabilidad y a Nunes le bastó con separarla sin ningún esfuerzo significativo para seguir conectando de forma franca a quien minutos antes había entrado al octágono con un aire de invencibilidad.

Su esquina la mandó a boxear y jamás cambió la estrategia. El orgullo de querer demostrar que se podía vencer con un arsenal limitado en un estilo que no se domina, esbozó la derrota que llevó a Ronda Rousey a caminar sin decir palabra alguna, abatida y con la cabeza abajo, hacia quizás su segundo y definitivo retiro.

Solo una victoria obtuvo la originaria de Riverside, California, 3 millones de dólares en 48 segundos. Ni Mayweather gana por segundo lo que ganó Ronda, la perdedora orgullosa y víctima de la arrogancia, en las artes marciales mixtas.
 
 

 
 
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Fotografía de portada: Sabre Blade / Public Domain
 
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