Vieja quien llegue al último [Opinión: Elvira Luna]

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Una de las primeras mujeres en correr una maratón (Boston, 1967) Kathrine Switzer se inscribió en la prueba que hasta entonces únicamente había estado protagonizada por hombres.  Fotografía: Recuerdos de Pandora / cc

Una de las primeras mujeres en correr una maratón (Boston, 1967)
Kathrine Switzer se inscribió en la prueba que hasta entonces únicamente había estado protagonizada por hombres.
Fotografía: Recuerdos de Pandora / cc

[Opinión]

“Vieja quien llegue al último”

foto ELP

Por: Elvira Luna Pineda.
Abogada, ex diputada de la XVIII Legislatura del Estado de Baja California, y Presidenta del Instituto para la Paz y el Desarrollo, Asociación Civil.

Twitter: @mujerporlapaz

 

 

 

 

Cuando se habla de violencia contra las mujeres, en ocasiones se describen a los factores que la originan y multiplican y pareciera que nace en otra sociedad en una galaxia lejana. Sin embargo no es así, la violencia contra las mujeres y la violencia de género existen porque hay una sociedad que la tolera, normaliza y la reproduce en casa, en la escuela, en la calle, en el trabajo y en cada medio social en el cual los seres humanos nos desarrollamos desde que nacemos. Analicemos.

¿Quién no ha dicho alguna vez en su vida “vieja quien llegue al último”? Seguramente nadie nos salvamos. Cuando jugábamos a “los quemados”, “los encantados” o simplemente en cualquier carrera que se improvisaba en cualquiera de las calles y callejones de nuestras comunidades, quien llegaba al último era vieja. ¿Y por qué? Pues porque independientemente de que quien llegue al último fuese niña o niño, por el sólo hecho de ser tan lento, merecía ser mujer, es decir “vieja”. Y resulta que todos, niños y niñas corríamos despavoridos porque nadie, absolutamente nadie queríamos llegar al último. El castigo era mayúsculo, seríamos “vieja”.

¿Qué acaso no hay hombres o niños lentos? O en su caso ¿No hay mujeres y niñas veloces? A ambas preguntas la respuesta debe ser “sí”. Sin embargo, históricamente nos infundieron que la competencia y la velocidad eran características de arrojo y determinación, las cuales han sido históricamente masculinas. Y ¡ay! de aquella mujer que se atreva a competir porque se ganaba miles de motes relacionados con masculinidad, o por lo menos se nos decía: “esos juegos no son de niñas”. Jugar a las muñecas y a los trastecitos han sido los juegos permitidos o empujar la carriola con una muñeca bebé. Actividades que predisponen a los roles sociales permitidos que debe asumir la mujer en la sociedad. No nos asustemos. La violencia existe porque así nos han educado. No por esto la debemos normalizar y ejercer, sino conocer porque en lo individual se genera y porque la sociedad la ve como algo normal. Eso es lo que debemos desnormalizar y deconstruir.

Monserrat Boix explica como en el Renacimiento, por ejemplo, es una etapa que constituyó el “renacer” sólo para los hombres, para quienes las posibilidades educativa y laborales fueron mejoradas, sin embargo explica, “…para las mujeres fue todo lo contrario: no pudieron acceder a la educación humanista y los nuevos estados, centralistas y uniformadores, y se dictaron leyes que restringieron aún más sus posibilidades”.
 
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Resalta además como la fundación de las universidades fue patrimonio de los varones con una gran repercusión negativa para las mujeres. “Hasta el siglo XIII la presencia e influencia femeninas en la educación son mayores que las de los varones, son activas enseñantes, intelectuales, mecenas y escritoras pero la universidad excluye a las mujeres y el saber pasa a ser patrimonio del varón”.

Dichos misóginos y chistes en torno a las mujeres y su falta de seriedad al pensar, etiquetándola como ser “no cerebral o mono neuronal” queda de manifiesto también en la historia: Por ejemplo Aristóteles dijo: “La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades”.

Erasmo de Rotterdam esbozó “La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido, aunque agradable y gracioso”.

Pitágoras no se quedó atrás: “Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”.

Goethe: “Al envejecer, el hombre construye su rostro y la mujer lo destruye”.

Oscar Wilde dejó de manifiesto su misoginia en la siguiente frase: “La única manera de comportarse con una mujer es haciendo el amor con ella si es hermosa y, si no lo es, haciéndolo con otra”.

Innumerable la cantidad de frases que en la historia han influido hasta nuestros días en la cosificación de las mujeres y en la normalización de la violencia que se ejerce.

Y así llegamos hasta nuestros días con frases que se dicen hasta en discursos iracundos cuando alguien quiere poner énfasis en sus palabras, no falta la frase que reza: “no llores como mujer, lo que no supiste defender como hombre”.

Estoy segura que la han escuchado. La violencia no es normal. La paz, es tarea de todos y todas. Construyámosla pues, les invito. A propósito del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

Y mientras esperamos para leernos la semana entrante, les invito a la reflexión, en esta ocasión verdaderamente concienzuda y obligada, de la frase de Marcela Lagarde: “El patriarcado es fuerte; fuerte y se renueva, se revitaliza, nos contesta con cada vez mayor precisión, cada vez sabe dónde pegar más fuerte…, si en un inicio el discurso feminista no lo entendían los detractores del feminismo…, poco a poco ya hasta se lo apropiaron, y resulta que… hay perspectiva de género en dictaduras africanas”.

 
 


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